Que un niño sea débil es algo imperdonable para un gran número de padres (varones quienes han pasado por la misma etapa de crecimiento). Por eso se le exige al niño que siempre sea fuerte, que se defienda ante los ataques de otros, que no llore, que reprima sus miedos y que ante todo sea un Varón de verdad. Por esto es que no es aceptado dentro de los parámetros de algunas sociedades que los hombres muestren su lado tierno, que sean amables, cariñosos, y menos aún que demuestren que pueden llorar cuando quieran.
"Hace mucho que olvidé cómo era realmente de niño. No me refiero a cómo me
comportaba ante los demás, sino cómo me sentía, qué me hería, de qué tenía
miedo. En realidad en el colegio me las arreglaba bastante bien y creo que antes
también. En el jardín de infantes era un muchachito bastante travieso, como solía
decirme mi madre. Era de cabello corto rubio, lleno de energía y bastante insolente.
En realidad todos me respetaban y cuando no, lograba que lo hicieran. En algún
momento, quizá, fui tal como los demás me veían o me querían ver. Pero también
recuerdo que era tremendamente difícil alcanzar ese punto: imponerse y actuar
como un verdadero varón.
Naturalmente lloraba, pero únicamente cuando estaba
solo. Percibía cómo el más débil de la barra solicitaba mi ayuda con la mirada
mientras nuestro bravucón lo maltrataba con los pies. Pero eliminaba rápidamente
el sentimiento de compasión que me invadía, las lágrimas en mis ojos y
simplemente me retiraba. Era necesario mantenerse frío. En la barra, de todos
modos, eso era el lema. En casa, mi padre tiraba de la misma cuerda: 'Es un varón
y debe saber imponerse'. Una vez lo escuché diciendo: 'No quiero que sea un
debilucho'. De alguna manera, esa frase se ha impregnado en mí profundamente,
como una imposición interna de la que jamás podré liberarme. Mi madre no era así,
pero ella, en algún momento, ya no fue tan importante."
(Daniel, 20 años, Argentina).
Es así como los padres no quieren que sus hijos sucumban ante el poder de otros y menos que sean débiles. Las leyes de la fortaleza y de la competitividad hacen que muchos niños crezcan siempre con una mentalidad de liderazgo, de superpotencia ante las mujeres a quienes consideran como el sexo débil. Una razón para comprender de dónde viene el machismo desenfrenado actual. No se trata de crear una producción en serie de niños llorones, débiles, miedosos, afeminados ni nada por el estilo., se trata de reconocer que si no se cría bien a un hijo tarde o temprano las consecuencias serán funestas.
Siempre se tenderá a que los niños se consideren como los héroes en todo, sobre todo en el colegio, ya es hora de poder entender que las niñas también pueden ser heroínas sin necesidad de tildarlas de "machorras" y a los niños de "maricones". Con esta forma de crianza se promueve la desigualdad sexual y, por supuesto, se ignora, en absoluto, la educación sexual que promueve la ternura en los varones, y la energía en las mujeres. Ser varón significa que, para convertirse en un "verdadero hombre", el niño y el joven deben esforzarse mucho. La disciplina, el autocontrol y el sacrificio reprimen las formas de comportamiento consideradas típicamente femeninas. El premio prometido es la "superioridad", la pertenencia al grupo de los ganadores, estar por encima de las mujeres.
Cada persona es única y maravillosa, no hay que tenerle miedo a lo diferente, no nos asustemos de que hayan niños sensibles que lloren por cosas vanas o niñas rudas que piensen distinto. El mundo es de colores, no está preso sólo entre el blanco y el negro. Si se genera la mentalidad de la tolerancia, el respeto y el trabajo en común, se podrá vislumbrar un nuevo horizonte para esta humanidad tan perdida en problemas por culpa de la ignorancia y la irracionalidad colectiva.









