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lunes, 14 de marzo de 2016

Iglesia Católica y Gays



Este artículo tiene como fin mostrar mi postura al respecto del tema, no implica que sea la ley general ni de la Iglesia ni de la comunidad LGBTI. Por ello, quiero comenzar esta reflexión expresando mi más sincero dolor por la situación que desde hace muchos años viene minando las vidas tanto de aquellos que se consideran como "los escogidos por Dios" y que pertenecen a un grupo selecto de discriminadores religiosos y fanáticos, así como de tantos y tantos compañeros en condición gay o lésbica. Pues bien, la verdad es que todo ese coraje latente en el ambiente es, ante todo, algo absurdo insinuado por los católicos y lastimosamente alimentado por nosotros, los gays, hablando como colectivo general, porque a la hora de la verdad estamos muy unidos los unos de los otros.

La Iglesia por estatutos propios que se remontan desde el siglo I y II después de Cristo, ha tomado de forma natural y legal las convicciones heredadas por la tradición judía en cuanto a la condena de muchas prácticas sexuales entre los feligreses, por ello, no es de extrañar que (obviamente) NO apoyen las uniones de ningún tipo en cuanto a la homosexualidad, la promiscuidad, las relaciones sexuales antes del matrimonio, la castidad, el celibato, la procreación, etc., etc. Es entonces cuando la pelea se gesta contra los millones de gays y lesbianas del mundo, sobre todo de aquellos que como buenas personas, por no decir idiotas, andan tras dichas posturas extremistas y sufren por puro gusto.


En cuanto a la homosexualidad, bien sabemos que ha existido desde siempre, al igual que la caza, la recolección, la prostitución y la panadería, son las cosas que la humanidad ha hecho desde tiempos inmemoriales. Personajes de toda clase y talla han sido homosexuales, nada les ha quitado, nada les ha puesto. Es también normal que en nuestra condición se presenten muchas limitaciones de tipo moral y los desórdenes en cuanto a estabilidad de pareja, económica y demás. Sumemos entonces el problema de la aceptación personal, familiar, social y por si fuese poco, a esto le llega la parte religiosa.

Ahora bien, al ser dos cosas completamente contrarias entre sí, debo mencionar que la Iglesia considera como pecado el acto propio del HOMOSEXUALISMO (practicar propiamente los actos de coito entre personas del mismo sexo), pero tiene en otra consideración y estima al HOMOSEXUAL, que es la persona tendiente a gustar de todas las formas de personas del mismo sexo que ella. Aquí hay una diferenciación pero a la hora de la verdad una depende de la otra, una conlleva a la otra y es poco común ver que alguien sea homosexual y no viva una homosexualidad así sea esporádica.


Entonces viene la pelea. Mi aclaración es la siguiente: para pelear se necesitan dos. Lastimosamente los dos ya están. A todas éstas, ya sería hora de que uno de los dos se separe y creo conveniente de que quien debe tomar la iniciativa es la propia comunidad LGBTI. ¿Por qué? Porque sencillamente si la Iglesia no acepta nuestra condición, sobre todo a la hora del matrimonio, de la adopción o de la unión libre, ¿por qué carajos seguimos mendigando algo que no nos lo van a dar? Eso tiene un nombre, se llama Masoquismo, y es común últimamente entre nosotros.

¿Solución? NO PELEAR MÁS... y ¿cómo? pues sencillamente dejar de querer casarnos en las iglesias católicas ante un padre, un obispo, nuestros padrinos y madrinas amenizados por un hermoso coro de chicos que canten solemnemente. Dejar de buscar la protección propia de los códigos morales y civiles de la Iglesia, porque nunca nos los darán. Es una pelea que si nos ponemos de acuerdo se puede acabar. Esto no quiere decir que ahora en adelante nos hagamos los de los oídos sordos, porque no es el caso, la cuestión es que cuando intervengan ante las cortes en contra de la adopción a la que tenemos derechos entonces sí que tenemos que pelear, porque se meten con nosotros, porque nos hieren, porque a la hora final NO NOS CONOCEN.


Conozco personas piadosas que no faltan a misa, que son gays y lesbianas, que son travestis y transgéneros, que son más aplicados y más fieles que muchos heteros que también asisten a las iglesias y que de manera abierta y consciente los miran con repulsión o asombro porque en su cabeza no cabe la idea de que una persona "de esas" entre a la casa de Dios. Pobres ignorantes, no saben que precisamente Dios nos quiere tal como somos, al fin y al cabo también somos obra de sus manos así como ellos, como los animales, como todo cuanto existe en el cielo y en la tierra.

En fin mis queridos lectores, la invitación es a tomar prioridades en nuestra propia vida, cuando se metan de verdad con algo que nos trunque el poder adoptar allí sí tenemos que pelear. Del resto, bien los invito a que se casen por lo civil o busquen un credo alternativo que acepte el matrimonio igualitario, y si no lo quieren, pues cásense con ritos propios o inventados por ustedes mismos. A la hora de la verdad a quien le interesa es a usted y a su pareja, luego a los invitados a quienes quieren hacer parte de un hecho tan trascendental para ustedes y recuerden, sobre todas las cosas, que ante todo hay que ser felices sin hacerle daño a nadie ni permitiendo que nos lo hagan a nosotros o a los nuestros.




jueves, 17 de diciembre de 2015

Una noche para no olvidar...


Me encontraba estudiando en la universidad, cursaba ya el tercer semestre de Arquitectura, carrera por la que había apostado todo y porque sencillamente me encantaba. Debo reconocer que una semana estuve algo triste, muy sólo y deprimido. Fue así como conocí a un chico NN del que ni siquiera me acuerdo de su nombre. Nos conocimos por una página virtual de citas gays, todo fue tan rápido y en menos de un suspiro ya tenía una cita con él. Debo aclarar que no fue a la primera porque dicha cita fue pospuesta como tres veces, hasta que por fin se dio.



Una noche de ese agosto de 2012 mientras hacía un frío espantoso, este chico me vino a buscar al apartamento, lugar en el que yo no vivía solo, para mi desdicha. Eran mis compañeras de piso otras tres chicas más quienes también estudiaban en la universidad, una de ellas mi prima, por cierto. La cuestión fue que terminé saliendo con este chico para su casa en la cual veríamos una peli y eso... yo era muy inocente en ese entonces. Para mi desgracia mientras íbamos de camino para su casa nos hemos encontrado con un compañero, ese chico me conocía de antes pero tenía fama de ser una mala persona, un hetero, un hombre de esos que más adelante dominará en la relación y que hasta golpeará a su esposa.

Este chico nos saludó muy amablemente, pero yo desconocía la tormenta que se iba a armar por ese inusual encuentro. Estuvimos entonces en la casa del chico, hablamos de nosotros y de nuestras vidas, de nuestros lugares de origen, estudios, y demás. Cosas que con el paso de las horas se me iban a olvidar y a él también, por supuesto. Fue una noche loca, de sexo salvaje, fuerte y extremadamente prolongado. Yo estaba exhausto y él parecía un caballo desbocado que ha tomado medicamentos como para hacerlo por un mes consecutivo. Casi me mata, pero fue muy épico. Lo he catalogado como el mejor sexo que haya tenido jamás.



A la mañana siguiente, porque obvio, dormí con él toda esa madrugada, me desperté como a las 7:30am algo sobresaltado porque era tarde. Era sábado, no tenía clases pero no había dormido en el apartamento, primera vez que sucedía y me esperaba que mi prima se hubiese dado cuenta y me fuese a montar un show cuando me viera de nuevo. Así que me alisté, me despedí de él para no volverlo a ver nunca más y salí rumbo a mi casa.

En efecto, cuando estaba entrando al apartamento mi prima estaba vuelta un ogro esperándome en la sala, la entiendo, ella estaba preocupada por mi suerte puesto que me vio salir y ya. Se imaginó lo pero y me dio un sermón de padre y señor nuestro., yo estaba completamente callado, ¿qué le podía decir? no quería mentirle pero tampoco quería contarle la verdad, una verdad que ella sospechaba pero que yo nunca le había confirmado de mi propia boca. Las cosas pasaron para bien con mi prima luego de haberla calmado. Al final no le dije nada y ella no insistió más en el asunto.



Pasaron unos días hasta que mi tía, quien se encontraba en San Sebastián (muy lejos de mi ciudad, por cierto), se enterara de lo sucedido. Ella había conocido una versión en la cual yo, su sobrino favorito, había ido de fiesta con un chico de pelo largo con el que después me encerré en un hotel e hice porquerías toda la noche. Para colmo de males, dizque había llegado algo ebrio en la mañana siguiente a la casa, que mi prima había peleado conmigo y que ya no me hablaba. Con el paso del tiempo pude comprender que mi prima no tuvo nada que ver en ello, fue ese chico con el que nos encontramos en la calle quien también resultó tener contactos chismosos en San Sebastián y desde donde ensució mi nombre con cuanta porquería se le vino en mente.

Yo sigo sosteniendo que no fue mi intención armar un escándalo en mi familia. No era el más experto en citas clandestinas ni nada parecido pero ese sujeto no tenía ningún derecho en hacer de mi persona la loca de toda una ciudad. Eso nunca se lo perdonaré. Por cuestiones de la vida lo he visto algún par de veces por las calles, hasta en una oportunidad tuve que ir a su casa por cuestiones de una vuelta que hacía, pero fue muy incómodo. Ahora esa noche la recuerdo vívidamente y sé que nunca la podré olvidar.


lunes, 26 de octubre de 2015

Entre Roles...


Que un niño sea débil es algo imperdonable para un gran número de padres (varones quienes han pasado por la misma etapa de crecimiento). Por eso se le exige al niño que siempre sea fuerte, que se defienda ante los ataques de otros, que no llore, que reprima sus miedos y que ante todo sea un Varón de verdad. Por esto es que no es aceptado dentro de los parámetros de algunas sociedades que los hombres muestren su lado tierno, que sean amables, cariñosos, y menos aún que demuestren que pueden llorar cuando quieran.



"Hace mucho que olvidé cómo era realmente de niño. No me refiero a cómo me
comportaba ante los demás, sino cómo me sentía, qué me hería, de qué tenía
miedo. En realidad en el colegio me las arreglaba bastante bien y creo que antes
también. En el jardín de infantes era un muchachito bastante travieso, como solía
decirme mi madre. Era de cabello corto rubio, lleno de energía y bastante insolente.
En realidad todos me respetaban y cuando no, lograba que lo hicieran. En algún
momento, quizá, fui tal como los demás me veían o me querían ver. Pero también
recuerdo que era tremendamente difícil alcanzar ese punto: imponerse y actuar
como un verdadero varón. 

Naturalmente lloraba, pero únicamente cuando estaba
solo. Percibía cómo el más débil de la barra solicitaba mi ayuda con la mirada
mientras nuestro bravucón lo maltrataba con los pies. Pero eliminaba rápidamente
el sentimiento de compasión que me invadía, las lágrimas en mis ojos y
simplemente me retiraba. Era necesario mantenerse frío. En la barra, de todos
modos, eso era el lema. En casa, mi padre tiraba de la misma cuerda: 'Es un varón
y debe saber imponerse'. Una vez lo escuché diciendo: 'No quiero que sea un
debilucho'. De alguna manera, esa frase se ha impregnado en mí profundamente,
como una imposición interna de la que jamás podré liberarme. Mi madre no era así,
pero ella, en algún momento, ya no fue tan importante."
(Daniel, 20 años, Argentina).

Es así como los padres no quieren que sus hijos sucumban ante el poder de otros y menos que sean débiles. Las leyes de la fortaleza y de la competitividad hacen que muchos niños crezcan siempre con una mentalidad de liderazgo, de superpotencia ante las mujeres a quienes consideran como el sexo débil. Una razón para comprender de dónde viene el machismo desenfrenado actual. No se trata de crear una producción en serie de niños llorones, débiles, miedosos, afeminados ni nada por el estilo., se trata de reconocer que si no se cría bien a un hijo tarde o temprano las consecuencias serán funestas.



Siempre se tenderá a que los niños se consideren como los héroes en todo, sobre todo en el colegio, ya es hora de poder entender que las niñas también pueden ser heroínas sin necesidad de tildarlas de "machorras" y a los niños de "maricones". Con esta forma de crianza se promueve la desigualdad sexual y, por supuesto, se ignora, en absoluto, la educación sexual que promueve la ternura en los varones, y la energía en las mujeres. Ser varón significa que, para convertirse en un "verdadero hombre", el niño y el joven deben esforzarse mucho. La disciplina, el autocontrol y el sacrificio reprimen las formas de comportamiento consideradas típicamente femeninas. El premio prometido es la "superioridad", la pertenencia al grupo de los ganadores, estar por encima de las mujeres.

Cada persona es única y maravillosa, no hay que tenerle miedo a lo diferente, no nos asustemos de que hayan niños sensibles que lloren por cosas vanas o niñas rudas que piensen distinto. El mundo es de colores, no está preso sólo entre el blanco y el negro. Si se genera la mentalidad de la tolerancia, el respeto y el trabajo en común, se podrá vislumbrar un nuevo horizonte para esta humanidad tan perdida en problemas por culpa de la ignorancia y la irracionalidad colectiva.


jueves, 27 de agosto de 2015

Ser Gay...



"El amor es una cosa simple" dice un fragmento de la canción homónima de Tizziano Ferro. La primera vez que escuché esta canción me encantó, sobre todo porque explica de forma linda que para el amor no hay problema mostrarse tal cual es, sin tantos problemas. Para mí el amor es una cosa simple, sobre todo a la hora de aceptarme como un gay de pura cepa.

Ahora bien, no sólo soy gay, sino que ocupo el rol de "pasivo". Esta labor es quizá la que más esfuerzo necesita dentro de la relación homosexual, por eso no es fácil serlo, creo que es de hombres ser gay pasivo. Pues bien, gracias a mi pasado y al empotrador de Juan Carlos fue que me consagré como un pasivo. No ha sido nada fácil y al principio fue muy doloroso, pero con el paso del tiempo he ido mejorando y adaptándome mejor he logrado resultados increíbles. 

Me encantan los machos y más si son verdaderos machos. Los activos tienen algo hermoso y es que por lo general son los que se hacen los rudos, eso es un lindo detalle. Me encanta cuando son barbudos, siempre he sentido obsesión por los tipos con barba, me enloquecen. De igual forma de gustan mucho los hombres que tienen un buen cuerpo, los que se preocupan por verse bien, no metrosexuales, pero sí que tengan el sentido de la pertenencia por la propia imagen y que sean muy buenas personas.

Más adelante seguiré escribiendo sobre esto, así que tomen esto como un adelanto de mi vida como un pasivo. No hay nada más agradable que tener a tus espaldas a un machazo bien dotado, hermoso, cariñoso, que sea excelente en la cama y pues, que te haga sentir bien. Esto cuenta, es importante.







miércoles, 19 de agosto de 2015

Una realidad muy dura...




Una realidad muy dura es la que toca vivir en muchas partes de Colombia, y todo por cuenta del maldito machismo que ha hecho mella por tantos años en todas las personas, en parte por la misma cultura, en otras, por culpa de creencias tanto personales como sociales que marginan grandemente a todos los gays y lesbianas que puedan conocer. Es por eso que la mayoría de los gays y lesbianas de la zona de la que provengo vivimos en un submundo, escondidos, alejados de una libertad a la que supuestamente tenemos derecho.

No he sufrido en carne propia lo que es tener que aguantar comentarios cargados de odios y rencores en mi contra o cosas parecidas, todas muy homofóbicas por supuesto. Pero si he sido testigo de cómo se puede denigrar la dignidad de una persona al creer que se conoce todo de ella, que se es dueño de sus pensamientos, de creerse juez de sus acciones, de elegir lo que es y lo que no puede ser. Esa es una de las principales razones por las que ser gay abiertamente acarrea este tipo de situaciones, y algunas aún peores, para la pobre persona que decide elevar su voz y darle a conocer al mundo que busca la felicidad desde su propio punto de vista, desde sus propias expectativas, desde sus gustos en particular.



Es como si los gays (principalmente) estuvieran condenados a vivir marginados de la sociedad norteña colombiana. Por lo general la mayoría termina siendo la puta del barrio, de la cuadra, de la ciudad si es posible., a ello se une que casi nunca es tenido en cuenta para trabajos dignos y honrados, es común ver a personas gays trabajando en peluquerías baratas o sirviendo en un restaurante de mala muerte. ¿Por qué será que hay tanto repudio entre las personas a aceptar a los gays? Respuesta pueden haber muchísimas, pero sin lugar a dudas me quedo con aquella que dice (y demuestra) que las personas temen a lo "desconocido".



Hablando con otros chicos gays de mi edad y hasta de mi ciudad, hemos podido llegar a la conclusión de que por lo general lo primero que se le viene a la cabeza a un chico gay una vez termine la secundaria, es poder largarse de su lugar de origen, no para desordenarse y perderse en sexo, drogas y alcohol, sino para poder ser feliz lejos de tantas personas que lo único que quieren es verte mal, sometido, sumiso, dependiente de corrientes que no te gustan y que nada tienen que ver contigo.



En la actualidad he cumplido ese sueño de pequeño, y lo he hecho realidad a pulso sin tener que padecer los horrores de la prostitución, de la marginación, del rechazo o de la degradación., lo he hecho como una persona 100% normal, viviendo la vida que quiero, siempre con respeto conmigo mismo y buscando el bien de quienes me rodean. Hay caminos tortuosos y dolorosos, callejones sin salidas, tropiezos, caídas y demás, pero siempre hay que tener en mente que no somos las perras y zorras de la gente, ni menos ni más que nadie, con derechos y deberes igual que cualquiera y siempre con la frente en alto, porque de lo que si tengo seguridad es que la felicidad que quiero es la que busco y la que depende al máximo y primeramente de mí antes que de otra persona.


martes, 4 de agosto de 2015

Entre gustos y disgustos...




Entre gustos y disgustos se fue gestando esta primera etapa de mi orientación sexual. Una vez empecé a experimentar un mundo nuevo de la mano de Juan Carlos, no faltaron los malestares tanto personales como familiares por ciertas cosas al respecto que ya se hacían evidentes. Es aquí cuando suceden los hechos concretos en los que mis padres me pillan con este chico, a veces en situaciones vergonzosas y otras un tanto para especular, pero que al fin y al cabo no dejaban de lado que entre nosotros había algo más que simple amistad.

Con Juan Carlos solía encontrarme en casa de mi abuela materna ya que era la más cercana al trabajo de éste. Pero aclaro: NO usaba la casa para cosas sucias, ni más faltaba. Era simplemente el lugar en el que él y yo nos reuníamos por las tardes, cuando yo llegaba del colegio y él salía del trabajo. Eran momentos espectaculares a decir la verdad; nunca se pueden olvidar los pequeños detalles que marcan tu vida, sobre todo los provenientes de personas que se roban tu corazón sin más ni más.



Con él podía hablar de cosas simples, a la hora de la verdad yo sabía muchas cosas más de las permitidas a mi edad, osea que era un poco más sabiondo que él, pero eso nunca fue motivo para que no nos entendiéramos. Bueno, el idioma y tema que ambos manejábamos a la perfección tenía su sede en la cama, en eso éramos un sólo ser en dos cuerpos. Pero en esta vida (o al menos en ese momento) las cosas no iban a ser eternas y mucho menos pasadas por dulce. Recuerdo que cuando mi mamá me descubrió por primera vez hablando con Juan Carlos no disimuló su cara de disgusto, pero en el momento no hizo escándalo ni nada. Pero el regaño (¿o trataba de pedirme explicaciones?) vinieron después en casa, a solas ella y yo.

Amo a mi mamá porque el el fondo sé que ella sabe que soy gay, que me encantan los hombres y que ante todo sufro mucho por tener que esconderlo, pero tampoco me siento con fuerzas para decírselo de frente, para confirmárselo. Sé que algún día lo tendré que hacer, eso es obvio, pero por el momento no quiero que nuestra relación se complique. Mi madre es única, por eso la amo y sé que como ella no hay dos. Así que cuando me arriesgue a decirle que soy gay, de seguro que sufrirá mucho, lo hará por un tiempo, pero luego se recuperará.



Entre gustos y disgustos ocurrió mi primer acercamiento con este chico que me robó el corazón, porque mientras disfrutaba de su compañía, de sus caricias, besos y abrazos acompañados de palabras y frases tiernas, dulces, pícaras, calientes, tenía que soportar en mi interior el tremendo miedo a que nos descubrieran, a que todos en el colegio, en la calle, en el barrio se enteraran. La verdad es algo que no me dejaba tranquilo ni de noche ni de día. Poco a poco comprendería que la vida es privada así como la sexualidad y tuvo que pasar mucho para que pudiera madurar en una forma más sólida al momento de no tener que dejarme clasificar con feos apelativos, a la hora de luchar por quien soy y por lo que quiero, por lo que creo y por lo que espero.


miércoles, 29 de julio de 2015

El Caso Juan Carlos...



Una de las primeras experiencias que tuve con otro hombre se la debo a un sujeto llamado Juan Carlos, quien trabajaba muy cerca de mi casa y al que siempre veía por las tardes, cuando venía del colegio. Pues bien, las vueltas que da la vida que fue precisamente con este tipo, de quien menos lo esperaba, con quien terminaría teniendo sexo a lo loco por varios años. Ha sido el mejor amante que he tenido en mi vida, es indestronable, hasta el momento.

Pues bien, recuerdo perfectamente que una tarde, mientras paseaba con un primo bebe, Juan Carlos estaba en la puerta del lugar donde trabajaba., cuando pasé por allí ya a la tercera vez (sin notarlo) Juan Carlos me silbó de forma cotejante, debo decir que me sonrojé y en cierta parte le acepté el cumplido. Ese fue el inicio de una larga historia sexual desenfrenada. Luego de los cumplidos suaves pero cargados de intenciones sexuales para conmigo, empezó a mostrarme el tamaño de su paquete sin quitarse el pantalón, fue este acto el que me demostró que quería ver más allá de la tela que lo cubría y por las noches soñaba con hacer muchas cosas con ese pene ajeno que se me mostraba casi a diario.




La verdad es que JC es todo un depravado, tiene el sexo pintado en la frente. Luego de todas estas demostraciones de que quería conmigo, pues bien, nos empezamos a ver a escondidas en el jardín de la casa de mi abuela, un lugar espacioso y oculto que nos sirvió muchas veces de lugar de citas clandestinas, si mis padres me hubiesen pillado sin duda que ese jardín en este momento hubiese sido mi tumba. Él se portaba tan cortés que de verdad empezaba a gustarme, pero las cosas nunca se dieron como para que llegásemos a ser novios siquiera.

En ese entonces yo tenía 15 años y desconocía la edad de JC, era lo que menos me importaba. Pues el momento anhelado llegó, fue una noche ya con previa cita en la que él me haría el amor, o cosas sucias, como solía decirme al oído cuando estábamos solos. La noche de iniciación para mi llegó, pero a última hora me dio mucho miedo y terminé por arrepentirme (pero me arrepentí de ser penetrado, a decir verdad), pero estuve en el lugar de los hechos, nos besamos apasionadamente, nunca me había sentido tan vivo, tan candente, tan deseoso de hacer el amor y pues, el miedo vino cuando me vi con un hombre de verdad, desnudo, peludo, erecto y con un hambre hacia mí que terminé por acobardarme y no hacerlo aquella noche.



Pero poco tiempo después tendríamos la revancha, y ¡¡¡qué revancha!!!. Desde entonces creo que él se vengó de mí porque los encuentros que tuvimos posteriormente estuvieron siempre marcados por el sexo fuerte, por el sudor, el temor de ser descubiertos, por la inteligencia para planear los lugares de encuentro, por todo lo que por más de cinco años significó JC en mi vida, el mejor amante que sin duda me ha tocado.

Fue con él con quien empecé a experimentar el gusto por otro hombre, con él aprendí a hacer travesuras para tener sexo, con él hice muchas maldades en lugares poco convencionales, con él me salí "del cascarón" y pude ver que si una persona de veras es interesante y te demuestra lo mejor del amor psicológico y físico, no habrán barreras humanas que te impidan vivir de otra forma, siempre buscando tu propia felicidad sin hacerle daño a nadie, viviendo una experiencia verdaderamente nueva, única, inolvidable.


jueves, 9 de julio de 2015

Conociendo a mis padres...



Lo primero que tengo que decir de mis padres es que ambos son muy buenas personas, siempre me han dado lo mejor al igual que a mis hermanos, pero hay algo en lo que no nos entendemos y es que ellos no aceptan que una persona se involucre más allá de la amistad con alguien del mismo sexo. Para colmo de males yo encarno lo que ellos aborrecen.

Mis padres no saben de mi orientación sexual, aunque mi madre lo ha sospechado ya que una vez me vio con un novio mientras hablábamos muy íntimamente frente a la casa de mi abuela. Le reconozco que tuvo el valor de enfrentarme y preguntarme lo que pasaba con ese tipo, que si tenía algún problema o si necesitaba algo. Pero de su boca NUNCA salieron las palabras de que si él y yo teníamos una "relación" o algo parecido.

Mis padres desde siempre me han querido, por eso es que aún no me he atrevido a contarles la verdad ya que temo causarles daño. Es mi decisión y mi vida, lo sé., pero también es cierto que les causaría mucha impresión. La verdad es que estoy esperando el momento oportuno de poder decirles a ambos que me gustan los hombres (y si es el caso) que ya ando con alguien al que quiero y que necesito que lo sepan, que me comprendan.


Mi madre es la mayor de los hijos de mis abuelos, mi padre también es el mayor en su casa. Ambos eran vecinos cuando jóvenes, por eso se les hizo fácil el poder conocerse de toda la vida, hasta que en su juventud se enamoraron y pues, el resultado de tal amor somos cuatro hijos nacidos de su matrimonio. A mí me engendraron en el vecino país de Venezuela, pero gracias a Dios nací en Colombia. Nunca he estado propiamente en Venezuela.

Mis hermanos menores son un amor para conmigo. Creo que mi hermano, el que me sigue, ha sospechado también sobre mi homosexualidad, pero nunca me ha dicho nada al respecto. Mis hermanos menores son muy chicos y aún no comprenderían nada de esto.

Mi madre es de un temperamento bastante tranquilo, pero cuando se enoja no hay poder humano que la ayude, es muy cascarrabias. Mi padre, quien también es muy malhumorado, es un poco duro a la hora de poder reprender. Recuerdo que cuando pequeño solía ser muy travieso, por eso es que recibía grandes y fuertes regaños por parte de los dos. Pero no siempre fue así.

Desde que tenía unos meses de vida vivía con mis abuelos paternos, los cuales me criaron como a un hijo más. Yo llegué a vivir a casa con mis padres cuando tenía 12 años de edad, por eso es que a mis abuelos paternos los trato de "mami" y "papi" mientras que a mis padres biológicos simplemente les digo "ma" y "pa".



Comprendo que si les llego a decir algún día la verdad, les dolería mucho, sobre todo por que su formación (a la antigua) les haría un poco difícil comprender todo lo que significa ser gay en este siglo. Mi mamá es muy comprensiva, pero he visto sus reacciones cuando ha presenciado (por lo general en la tv) las situaciones homosexuales. Se nota que no comulga con eso. De mi padre ni qué decir... creo que le causa repulsión.

Es difícil cuando te tienes que enfrentar a un doble tamiz que te cierne la vida, el primero es la sociedad (la mía es muy machista) y el segundo, la familia, que si bien hacen parte de lo más elemental en el desarrollo de cualquier ser humano también puede ser motivo de estancamiento (sobre todo en nuestro caso, en el caso de los que somos homosexuales).

He tenido la oportunidad de experimentar muchas cosas gay mientras vivía con ellos. Por eso fue que mi mamá me pilló una tarde mientras estaba muy meloso con un novio de entonces, pues se podrán imaginar que casi me muero de un infarto, me puse de todos los colores, pero aún así pude parapetar todo con una que otra mentirilla y arreglé las cosas. Al menos por el momento no tuve problemas. Pero siempre me he sentido cohibido por no poder ser quien en el fondo soy verdaderamente. Ojalá mis padres me aceptaran, sería lo mejor que me podría pasar en la vida. Al menos todo sería diferente, completamente mejor.