miércoles, 16 de marzo de 2016

En lo fugaz de una noche en Theatron...


Es la mañana del domingo 13 de Marzo del año 2016, me despierto algo aturdido por la luz que ingresa por mi ventana, sé que es temprano pero tengo que despertarme. Anoche sucedió algo inédito. Luego de varias semanas de intenso trabajo en cuestiones de la universidad y lo propio de mi vida, me sentía algo estresado y sobre-saturado con tantas cosas por hacer. Ingresé a internet y busqué alguna buena discoteca en la zona donde me pudiera distraer un rato. La encontré luego de una pequeña búsqueda. Fue así como en la noche del 12 de Marzo me alistaba a las 8:30pm para salir un rato con el ánimo de bailar y beber un poco, pero no fui sólo, invité a dos amigos y juntos nos fuimos de "farra", como se conoce el ir a discotecas por esta zona del país.

La discoteca no podría ser cualquiera, por eso escogí a Theatron, una de las mejores en la ciudad. Mis amigos algo re-celosos con la idea de ingresar a una disco gay no los dejaba tranquilos, aún así se atrevieron a acompañarme y fue muy amable de su parte. Siendo casi las 9:30pm de ese sábado estábamos haciendo la fila para ingresar a tan concurrido lugar, todo salió bien. Al fin, estando dentro del recinto, nos acomodamos en una de las mesas de la zona alta desde donde teníamos vista panorámica del gran salón de baile y del resto de la barra.

La noche transcurría de lo lindo, había empezado a beber vodka porque es una de las bebidas que más me agradan. Mis amigos, con el whisky no quieren cuento. Luego, como era la primera vez que íbamos a ese sitio, no lo conocíamos. Fue así como nos aventuramos a recorrer la mayoría de sus estancias con tal de explorar y ver en cuál de ellos estaba mejor la rumba. En efecto, recorrimos muchos lugares, entre ellos la Plaza Rosada, donde por increíble que parezca me logré fumar 4 cigarrillos, primera vez que lo hacía en mi vida. De igual forma el recorrido fue muy variado, encontramos estancias donde la rumba estaba prendida, en otros era muy pesada, en uno estaba un ambiente cálido y bohemio mientras que en uno de ellos la música electrónica nos invitó a pasar y de allí no nos dejó salir por más de una hora y media.

Ya algo entonados con tanto trago, nos devolvimos de nuevo al salón principal y nos dirigimos hacia la pista, que estaba atestada de tantos bailarines como las arenas de las playas marinas. Entonces empezamos a bailar, sí, mis amigos y yo en un círculo. Parecíamos de un trío, pero no, era como el instinto protector de ellos hacia mí porque pensaban que tal vez me iban a comer, o algo por el estilo. Pero nuestra paz se truncó cuando, de la nada, apareció una hermosa chica que nos instó a bailar con ella, los tres a la vez para ella sola. Pues bien, uno de mis amigos fue el que tomó mejor partido, porque la tomó por las caderas y se la hizo sólo para él, así que mi otro amigo y yo quedamos bailando los dos, como una pareja homo tan normal como las que abundaban en esa pista esa noche.

De repente, cuando menos lo esperaba, alguien me tomó por los hombros y en un cortejo entre baile sensual y algo de seo con ropa, un desconocido en todos los sentidos bailaba al ritmo de la música conmigo, y yo, algo nervioso pero entusiasmado a la vez le seguía los pasos a tan buen bailarín. Mi amigo se distrajo y terminó metido en otra ronda, también bailando, pero sólo. Yo, por el contrario, estaba hilando una historia fugaz en un lugar fugaz.

Bailamos dos canciones mezcladas por un dj hasta que me atreví a voltear mi cuerpo para quedar de frente con tan misterioso y buen bailarín. Así que cuando me giré, me llevé la sorpresa de ver que ese chico era muy hermoso, alto, trigueño, musculado, con barba, decente y algo ebrio, como yo. Al quedar de frente, ambos nos tomamos fuertemente y bailamos otras tantas canciones tan pegados como nuestros cuerpos mortales nos lo permitieran. Aún siento cómo sus manos se deslizaban por mi espalda hasta mis nalgas, siento aún cómo apretaba mi trasero entre sus manos y cómo yo sentía que ere chico se había vuelto una extensión más de mi ser. Yo también lo apreté mucho, lo abracé como hacía mucho no abrazaba a alguien, también jugué con mis manos en su espalda, también acaricié su cabeza y una que otra vez logré besarle el cuello, algo sudado porque el baile así nos lo mostraba.

Fue una linda experiencia, teniendo en cuenta que hacía más de un año que no lo hacía. Entonces, como lo bueno no suele durar eternamente, la cuestión poco a poco tendría que acabarse. Mis amigos ya estaban algo nerviosos y escandalizados porque, de las cosas que se les pudo haber pasado por la cabeza, creo que nunca se imaginaron algo de esta envergadura. Pero no me importó, era mi noche, era mi travesura, era mi sueño y mi estrella fugaz. Le tuve que decir al chico que tenía que ir al baño, pero que ya regresaba. Él me miraba fijamente a los ojos como insinuando que en cualquier momento se lanzaría a besarme intensamente. Pero de allí no pasamos. Me fui, algo jalonado por mis dos amigos quienes ya estaban algo molestos. Yo, estaba como quien no quiere la cosa, con una pequeña pero dulce y gloriosa sonrisa entre mis labios de saber que al final de cuentas la había pasado de puta madre.

Salimos de la discoteca, me regañaron un poco, no dije nada, no me interesaba. Regresamos a casa, me acosté y de inmediato me dormí, eran las cuatro de la mañana. Ahora me había despertado porque tenía sed y de inmediato recordé el baile tan bueno con ese chico, me cuestioné del porqué él estaba sólo y de cómo hubiese sido diferente la historia si las cosas hubieses continuado en otro instante. Pero no, allí había terminado todo. Ahora mi chaqueta quedó impregnada con el aroma del perfume tan masculino como él que llevaba puesto esa noche, ahora este olor me lo recuerda. Tengo su imagen en mi mente, no la puedo olvidar. Suena algo utópico, pero fue una de las mejores noches que he tenido últimamente y lo bueno fue que la pude vivir. Fue un lindo recuerdo, una genial experiencia en lo fugaz de una noche en la discoteca Theatron de Bogotá.

lunes, 14 de marzo de 2016

Tipos 2










Iglesia Católica y Gays



Este artículo tiene como fin mostrar mi postura al respecto del tema, no implica que sea la ley general ni de la Iglesia ni de la comunidad LGBTI. Por ello, quiero comenzar esta reflexión expresando mi más sincero dolor por la situación que desde hace muchos años viene minando las vidas tanto de aquellos que se consideran como "los escogidos por Dios" y que pertenecen a un grupo selecto de discriminadores religiosos y fanáticos, así como de tantos y tantos compañeros en condición gay o lésbica. Pues bien, la verdad es que todo ese coraje latente en el ambiente es, ante todo, algo absurdo insinuado por los católicos y lastimosamente alimentado por nosotros, los gays, hablando como colectivo general, porque a la hora de la verdad estamos muy unidos los unos de los otros.

La Iglesia por estatutos propios que se remontan desde el siglo I y II después de Cristo, ha tomado de forma natural y legal las convicciones heredadas por la tradición judía en cuanto a la condena de muchas prácticas sexuales entre los feligreses, por ello, no es de extrañar que (obviamente) NO apoyen las uniones de ningún tipo en cuanto a la homosexualidad, la promiscuidad, las relaciones sexuales antes del matrimonio, la castidad, el celibato, la procreación, etc., etc. Es entonces cuando la pelea se gesta contra los millones de gays y lesbianas del mundo, sobre todo de aquellos que como buenas personas, por no decir idiotas, andan tras dichas posturas extremistas y sufren por puro gusto.


En cuanto a la homosexualidad, bien sabemos que ha existido desde siempre, al igual que la caza, la recolección, la prostitución y la panadería, son las cosas que la humanidad ha hecho desde tiempos inmemoriales. Personajes de toda clase y talla han sido homosexuales, nada les ha quitado, nada les ha puesto. Es también normal que en nuestra condición se presenten muchas limitaciones de tipo moral y los desórdenes en cuanto a estabilidad de pareja, económica y demás. Sumemos entonces el problema de la aceptación personal, familiar, social y por si fuese poco, a esto le llega la parte religiosa.

Ahora bien, al ser dos cosas completamente contrarias entre sí, debo mencionar que la Iglesia considera como pecado el acto propio del HOMOSEXUALISMO (practicar propiamente los actos de coito entre personas del mismo sexo), pero tiene en otra consideración y estima al HOMOSEXUAL, que es la persona tendiente a gustar de todas las formas de personas del mismo sexo que ella. Aquí hay una diferenciación pero a la hora de la verdad una depende de la otra, una conlleva a la otra y es poco común ver que alguien sea homosexual y no viva una homosexualidad así sea esporádica.


Entonces viene la pelea. Mi aclaración es la siguiente: para pelear se necesitan dos. Lastimosamente los dos ya están. A todas éstas, ya sería hora de que uno de los dos se separe y creo conveniente de que quien debe tomar la iniciativa es la propia comunidad LGBTI. ¿Por qué? Porque sencillamente si la Iglesia no acepta nuestra condición, sobre todo a la hora del matrimonio, de la adopción o de la unión libre, ¿por qué carajos seguimos mendigando algo que no nos lo van a dar? Eso tiene un nombre, se llama Masoquismo, y es común últimamente entre nosotros.

¿Solución? NO PELEAR MÁS... y ¿cómo? pues sencillamente dejar de querer casarnos en las iglesias católicas ante un padre, un obispo, nuestros padrinos y madrinas amenizados por un hermoso coro de chicos que canten solemnemente. Dejar de buscar la protección propia de los códigos morales y civiles de la Iglesia, porque nunca nos los darán. Es una pelea que si nos ponemos de acuerdo se puede acabar. Esto no quiere decir que ahora en adelante nos hagamos los de los oídos sordos, porque no es el caso, la cuestión es que cuando intervengan ante las cortes en contra de la adopción a la que tenemos derechos entonces sí que tenemos que pelear, porque se meten con nosotros, porque nos hieren, porque a la hora final NO NOS CONOCEN.


Conozco personas piadosas que no faltan a misa, que son gays y lesbianas, que son travestis y transgéneros, que son más aplicados y más fieles que muchos heteros que también asisten a las iglesias y que de manera abierta y consciente los miran con repulsión o asombro porque en su cabeza no cabe la idea de que una persona "de esas" entre a la casa de Dios. Pobres ignorantes, no saben que precisamente Dios nos quiere tal como somos, al fin y al cabo también somos obra de sus manos así como ellos, como los animales, como todo cuanto existe en el cielo y en la tierra.

En fin mis queridos lectores, la invitación es a tomar prioridades en nuestra propia vida, cuando se metan de verdad con algo que nos trunque el poder adoptar allí sí tenemos que pelear. Del resto, bien los invito a que se casen por lo civil o busquen un credo alternativo que acepte el matrimonio igualitario, y si no lo quieren, pues cásense con ritos propios o inventados por ustedes mismos. A la hora de la verdad a quien le interesa es a usted y a su pareja, luego a los invitados a quienes quieren hacer parte de un hecho tan trascendental para ustedes y recuerden, sobre todas las cosas, que ante todo hay que ser felices sin hacerle daño a nadie ni permitiendo que nos lo hagan a nosotros o a los nuestros.