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miércoles, 16 de marzo de 2016

En lo fugaz de una noche en Theatron...


Es la mañana del domingo 13 de Marzo del año 2016, me despierto algo aturdido por la luz que ingresa por mi ventana, sé que es temprano pero tengo que despertarme. Anoche sucedió algo inédito. Luego de varias semanas de intenso trabajo en cuestiones de la universidad y lo propio de mi vida, me sentía algo estresado y sobre-saturado con tantas cosas por hacer. Ingresé a internet y busqué alguna buena discoteca en la zona donde me pudiera distraer un rato. La encontré luego de una pequeña búsqueda. Fue así como en la noche del 12 de Marzo me alistaba a las 8:30pm para salir un rato con el ánimo de bailar y beber un poco, pero no fui sólo, invité a dos amigos y juntos nos fuimos de "farra", como se conoce el ir a discotecas por esta zona del país.

La discoteca no podría ser cualquiera, por eso escogí a Theatron, una de las mejores en la ciudad. Mis amigos algo re-celosos con la idea de ingresar a una disco gay no los dejaba tranquilos, aún así se atrevieron a acompañarme y fue muy amable de su parte. Siendo casi las 9:30pm de ese sábado estábamos haciendo la fila para ingresar a tan concurrido lugar, todo salió bien. Al fin, estando dentro del recinto, nos acomodamos en una de las mesas de la zona alta desde donde teníamos vista panorámica del gran salón de baile y del resto de la barra.

La noche transcurría de lo lindo, había empezado a beber vodka porque es una de las bebidas que más me agradan. Mis amigos, con el whisky no quieren cuento. Luego, como era la primera vez que íbamos a ese sitio, no lo conocíamos. Fue así como nos aventuramos a recorrer la mayoría de sus estancias con tal de explorar y ver en cuál de ellos estaba mejor la rumba. En efecto, recorrimos muchos lugares, entre ellos la Plaza Rosada, donde por increíble que parezca me logré fumar 4 cigarrillos, primera vez que lo hacía en mi vida. De igual forma el recorrido fue muy variado, encontramos estancias donde la rumba estaba prendida, en otros era muy pesada, en uno estaba un ambiente cálido y bohemio mientras que en uno de ellos la música electrónica nos invitó a pasar y de allí no nos dejó salir por más de una hora y media.

Ya algo entonados con tanto trago, nos devolvimos de nuevo al salón principal y nos dirigimos hacia la pista, que estaba atestada de tantos bailarines como las arenas de las playas marinas. Entonces empezamos a bailar, sí, mis amigos y yo en un círculo. Parecíamos de un trío, pero no, era como el instinto protector de ellos hacia mí porque pensaban que tal vez me iban a comer, o algo por el estilo. Pero nuestra paz se truncó cuando, de la nada, apareció una hermosa chica que nos instó a bailar con ella, los tres a la vez para ella sola. Pues bien, uno de mis amigos fue el que tomó mejor partido, porque la tomó por las caderas y se la hizo sólo para él, así que mi otro amigo y yo quedamos bailando los dos, como una pareja homo tan normal como las que abundaban en esa pista esa noche.

De repente, cuando menos lo esperaba, alguien me tomó por los hombros y en un cortejo entre baile sensual y algo de seo con ropa, un desconocido en todos los sentidos bailaba al ritmo de la música conmigo, y yo, algo nervioso pero entusiasmado a la vez le seguía los pasos a tan buen bailarín. Mi amigo se distrajo y terminó metido en otra ronda, también bailando, pero sólo. Yo, por el contrario, estaba hilando una historia fugaz en un lugar fugaz.

Bailamos dos canciones mezcladas por un dj hasta que me atreví a voltear mi cuerpo para quedar de frente con tan misterioso y buen bailarín. Así que cuando me giré, me llevé la sorpresa de ver que ese chico era muy hermoso, alto, trigueño, musculado, con barba, decente y algo ebrio, como yo. Al quedar de frente, ambos nos tomamos fuertemente y bailamos otras tantas canciones tan pegados como nuestros cuerpos mortales nos lo permitieran. Aún siento cómo sus manos se deslizaban por mi espalda hasta mis nalgas, siento aún cómo apretaba mi trasero entre sus manos y cómo yo sentía que ere chico se había vuelto una extensión más de mi ser. Yo también lo apreté mucho, lo abracé como hacía mucho no abrazaba a alguien, también jugué con mis manos en su espalda, también acaricié su cabeza y una que otra vez logré besarle el cuello, algo sudado porque el baile así nos lo mostraba.

Fue una linda experiencia, teniendo en cuenta que hacía más de un año que no lo hacía. Entonces, como lo bueno no suele durar eternamente, la cuestión poco a poco tendría que acabarse. Mis amigos ya estaban algo nerviosos y escandalizados porque, de las cosas que se les pudo haber pasado por la cabeza, creo que nunca se imaginaron algo de esta envergadura. Pero no me importó, era mi noche, era mi travesura, era mi sueño y mi estrella fugaz. Le tuve que decir al chico que tenía que ir al baño, pero que ya regresaba. Él me miraba fijamente a los ojos como insinuando que en cualquier momento se lanzaría a besarme intensamente. Pero de allí no pasamos. Me fui, algo jalonado por mis dos amigos quienes ya estaban algo molestos. Yo, estaba como quien no quiere la cosa, con una pequeña pero dulce y gloriosa sonrisa entre mis labios de saber que al final de cuentas la había pasado de puta madre.

Salimos de la discoteca, me regañaron un poco, no dije nada, no me interesaba. Regresamos a casa, me acosté y de inmediato me dormí, eran las cuatro de la mañana. Ahora me había despertado porque tenía sed y de inmediato recordé el baile tan bueno con ese chico, me cuestioné del porqué él estaba sólo y de cómo hubiese sido diferente la historia si las cosas hubieses continuado en otro instante. Pero no, allí había terminado todo. Ahora mi chaqueta quedó impregnada con el aroma del perfume tan masculino como él que llevaba puesto esa noche, ahora este olor me lo recuerda. Tengo su imagen en mi mente, no la puedo olvidar. Suena algo utópico, pero fue una de las mejores noches que he tenido últimamente y lo bueno fue que la pude vivir. Fue un lindo recuerdo, una genial experiencia en lo fugaz de una noche en la discoteca Theatron de Bogotá.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Volver a empezar...




A veces en la vida a uno le suceden cosas inesperadas, como la que me ocurrió hace un par de meses cuando conocí a Sergio, el chico más lindo de la facultad y con quien sencillamente hice click. No fue buscado, todo se dio... nada fue planeado, aún así se escribió un lindo pero doloroso y real capítulo dentro del libro de mi vida. Se los cuento de forma breve.

Una noche, durante una fiesta en Bucaramanga, conocí más de cerca a uno de mis compañeros de facultad, uno de esos que son extremadamente hermosos en lo físico y algo duros en lo sentimental porque tal vez su estilo de vida así lo formó. La cuestión es que luego de unas 10 cervezas en una de las cabañas que bordean la piscina, terminé con Sergio solo, hablando los dos de nuestras vidas y riéndonos de haber estudiado desde hace ya 2 años pero en los que nunca habíamos cruzado una palabra más allá del "hola". La noche corría y ya ambos sabíamos un poco del otro, fue una noche de esas en la que todo se confabula para que las cosas sucedan.



Como es típico, él que es hetero, sintió mucha curiosidad por mi vida y todas sus implicaciones una vez se enteró de que yo era gay. Como es natural no se escandalizó ni nada por el estilo, antes bien, sintió mucha curiosidad y las preguntas en cascada no se hicieron esperar. Ya finalizando la jornada de charlas (eran como las 3 de la mañana) me soltó un bombazo que no me lo esperé nunca jamás. La cuestión fue que me dijo (palabras menos): "Camilo... si tú y yo estuviéramos solos en un lugar... ¿tú lo harías conmigo?", a lo que yo respondí con otra pregunta: ¿por qué?, y él, ni muy teso ni majo me dijo que quería experimentarlo conmigo, a quien ya "veía con confianza" y que se iba a atrever a hacerlo con otro chico. Incluso hasta me contó que había tenido un sueño donde estaba con un chico y que tal parece eso lo habría motivado a querer hacerlo ahora conmigo, ya que la oportunidad se presentaba.

Yo no sabía si eso era efecto de los tragos o qué, pero me aventuré, no sin antes pasar por unos instantes de nervios puros, porque la verdad es que su propuesta me cogió a quemarropa. Pero al día siguiente la cuestión continuó y así estuvimos en ese tira que jala como por una semana y media. Él me molestaba desde entonces con juego de miradas y alguno que otro toque o roce cuando nos cruzábamos en la universidad. Hasta que la noche indicada para tal efecto llegó. Resulta que una noche, mientras me veía una peli estadounidense de un amor algo complicado (comedia) resulta que sonó el timbre del apartamento y yo, ya en pijama y con algo de sueño (porque eran las 11pm) salí a abrir. Pues bien... era él... algo eufórico y nervioso... recuerdo mucho lo que me dijo: "Bueno... aquí estoy... ¿me dejas pasar?".

Yo me quedé como una maldita estatua y no sabía qué hacer, entonces él lo notó y dijo: "si te incomoda... mejor me voy" y mientras daba la vuelta yo, como un acto reflejo, lo tomé del brazo y en unos instantes de silencio permanecimos hasta que le dije: "pasa". Esa palabra abrió una puerta maravillosa de experiencias con Sergio. La vida así lo quería y sencillamente sucedió. Cuando estuvo en mi cuarto (luego de curiosearlo un poco) se recostó en mi cama y comenzamos a charlar. Me dijo que estaba algo nervioso, ansioso... yo estaba en las mismas.

Pero poco a poco se dieron las cosas y terminamos teniendo sexo duro (fuerte, para ser exacto) durante mucho tiempo. Es como si él hubiese venido de la guerra ¡por Dios! ¡Qué noche! y así... como comenzó todo terminó de igual forma. Pero antes de que todo acabara, lo pudimos hacer dos veces, la primera como les he contado fue en mi apartamento. La segunda fue en el suyo. También de día, una tarde, y luego de eso me sentí mal. La verdad es que estaba jugando con fuego y sabía que tarde o temprano me iba a quemar, sabía que esto no terminaría bien pero por mi testarudez me atreví a seguir y luego me iba a lastimar.



No me arrepiento, en lo absoluto., pero si fue una experiencia algo dolorosa de saber que él nunca podría sentir lo mismo que yo. Bien lo sabía cuando me dijo que quería experimentar y yo le acepté sus propuestas. Sé que es un chico gentil, amable, de excelente familia y bueno como persona, pero sus incursiones en mi mundo sólo reiterarían que le encantan las chicas y que los dos deslices que tuvo conmigo sólo quedarán para él como un espacio más en los capítulos que escribe de puño y letra para su vida sexual como joven. No es que me haya enamorado, pero a la hora de la verdad son sentimientos que se entremezclan, sin quererlo allí me vi dos veces con él, entre sus brazos, acariciándolo, viéndolo tan tierno como un niño con miedo. Lo quise por el momento, sólo mientras duró esta loca pero linda aventura.

Ahora, después de tantos meses lo sigo viendo cuando nos cruzamos en algunas clases. Incluso hasta hemos hablado y todo como los amigos que no fuimos antes de aquella fiesta en Bucaramanga. Ahora le soporto a la vida muchas cosas como él, por ejemplo. No es una carga, pero tampoco sufrimos de Alzheimer como para tratar de creer que nada pasó. Ahora hemos hablado algunas veces de lo sucedido y aunque parezca increíble me lo agradeció como tres veces pero a la vez me aclaró que nunca más volverá a suceder y que eso sólo fue una locura. Para mí... una bella locura. Ahora mis amigos, lo tengo de vecino porque no sé qué carajos quiere el destino para mí, ahora vemos 7 materias juntos en las mismas sedes de la universidad y lo peor es que ahora estamos muy unidos, como amigos, pero unidos. No lo quiero, pero sí deseo poder empezar de nuevo como parece que ya él lo hizo. A veces no es fácil, parece que las cosas a mí no se me dan siempre de la mejor forma, pero allí voy.


viernes, 22 de enero de 2016

Libertad... libertad...




Quisiera poder vivir ya sin el temor de una doble vida
la que llevo ante quienes quiero, la que vivo ante quien amo.
No es fácil vivir en una sociedad tan homofóbica,
no es fácil ser "diferente" ante los ojos de los estereotipos.

Libertad, libertad... una linda palabra, una linda forma de ser quien se es.,
ha sido malinterpretada con su hermano rival, el libertinaje.
No es de extrañar que entonces ya no se vea con buenos ojos
el hecho de que dos hombres o dos mujeres de verdad se amen.

Desorden, promiscuidad, mil formas de degenerar lo que muchos comparten,
muchas formas de recibir golpes físicos y psicológicos, los que más duelen.
De noche lo pienso, de día lo tengo siempre presente,
sé que llegará el tiempo en que todo deje de importarme.

Siempre he sido dueño de mi vida, pero no me siento en libertad,
¿es que me falta algo? Sí, claro que sí...
no me alcanzarían las líneas para decir todo lo que no tengo, 
pero sin dudas que la libertad es lo que ahora más anhelo.

¿Por qué me dejo afectar por comentarios externos?
¿por qué tengo que ser tan frágil cuando debería defenderme como se debe?
Porque aún  no estoy seguro de muchas cosas,
la libertad que llevo dentro no tiene comparación con nada.

Libertad, libertad...
Llegará el momento en que pueda decir quién soy en realidad,
pero a las personas que me importan y a quienes les importo,
porque si de algo estoy seguro es que es mi vida, mi universo, mi mundo.

Hay alguien allá afuera que de seguro busca a alguien como yo...
sin decir que yo lo anhelo más que nada en la vida...
y tendré el valor de poder tomar las riendas de mi vida,
y la libertad de poder vivir el sueño que ahora soy.

miércoles, 6 de enero de 2016

¿Existe el amor para los gays?


Un amigo me preguntó hace unas noches: ¿existe el amor para nosotros?. Cuestioné el por qué de su pregunta a lo cual aclaró que muchas veces él se ha sentido muy solo, incluso a veces hasta utilizado sólo como un objeto sexual. Fue así como me puse a reflexionar y explicarle que la capacidad de amar es algo innato del ser humano sin importar su orientación sexual. Por esto, tanto para los heterosexuales como para nosotros los homosexuales, encontrar a la persona con la cual podamos experimentar el verdadero amor es cuestión de suerte en la vida, pero de que existe: existe. La soledad no es algo que afecte solamente a la población gay, todas las personas la pueden experimentar en algún momento de sus vidas.




CUANDO NOS SENTIMOS SOLOS
Es mucho lo que un gay tiene que padecer mientras se conoce a sí mismo, sobre todo en la decisión más importante durante este proceso: salir del clóset. Por esto es que puede llegar a sentirse solo, aislado y creer que es el único gay en su entorno, cosa que complica la situación en un momento tan crucial de la vida. La connotación negativa viene cuando no tenemos a un amigo gay con el que podamos compartir nuestras experiencias o inquietudes más profundas, de igual forma cuando no tenemos un amigo o amigos heteros que nos acepten tal cual somos. La autoestima y la inseguridad hacen estragos de aquí en adelante. Ni qué decir cuando hemos tomado la decisión de contarle a nuestros padres o familiares más cercanos y éstos, en vez de comprender y respetar, lo que hacen es rechazar. Los sentimientos de culpa y soledad no se harán esperar.




CUBRIR LA SOLEDAD CON EL SEXO
Algunos gay, para tapar la soledad ocasionada por el rechazo o los temores internos de no mostrarnos tal cual somos, acudimos al sexo como un mecanismo de autodefensa con el único objetivo de llenar el posible vacío que se experimenta a causa de lo anteriormente mencionado. Todo esto nos lleva a experimentar sexo fugaz y repetitivo con múltiples parejas con tal de pasarla bien por un momento. Se debe entender algo, al ser relaciones entre hombres es fácil encontrar respuestas cuando mandamos las señales de que sólo queremos sexo y nada más., por naturaleza, el hombre es más sexual que la mujer, por eso este tipo de sexo sin compromiso no implica sentimentalismos ni nada por el estilo. El vacío pide ser llenado o calmado con parejas esporádicas frecuentemente. Por eso es más fácil para el hombre homosexual conseguir pareja para tener sexo casual. Tener cuidado con la protección sexual es algo de vital importancia, lo único que está en juego es la propia vida, ya que una ETS (Enfermedad de Transmisión Sexual) puede ser catastrófica cuando se ha abusado del sexo de forma descontrolada.




CANSADO, BUSCO EL AMOR
Con el paso del tiempo es normal que el cansancio aparezca en nuestras vidas, un cansancio que nos reclama el hecho de tener que soportar las caricias o sentir el cuerpo de una persona extraña cada vez que busquemos del sexo casual sólo por placer o diversión. Pues bien, llega el momento en que ese cansancio nos pasa la cuenta y tanto nuestro cuerpo como nuestra alma sólo desean pertenecerle a una persona con la cual podamos compartir lo mejor de la vida, siempre., alguien especial con el que podamos sentirnos verdaderamente amados.

Cuando aparece alguien que no simplemente nos atraiga de forma sexual sino también en lo emotivo, lo afectivo y lo intelectual, entonces será el momento oportuno para sentar cabeza y saber que esa persona puede ser la indicada. Es un proceso complejo y de tiempo, aunque a muchos les resulte tan rápido en el tiempo, puede que para otros esto demore décadas. 



El amor entonces surgirá cuando puedas entablar una conexión seria, transparente y cordial con ese hombre y en la que hayan objetivos comunes, gustos complementarios, buen diálogo, tolerancia, respeto, amor, ayuda, compromiso, fidelidad, honestidad, y todos los valores que edifiquen una relación sólida con bases tan humanas y amorosas que sabrás que no vives en una fantasía sino en la vida real, con un ser humano a tu lado del que puedes esperar y que él también pueda confiar. Por esto y mucho más, no es de extrañar que hoy por hoy veamos a parejas homo que lleven más de 20 o 30 años juntas, porque han sabido establecer las bases de una relación duradera.

Terminé diciéndole a mi amigo (pero más que nada terminé hablándome a mí mismo) que el amor para nosotros los gay sí existe. No debemos apresurarnos a "cazar hombres potenciales todos los días". Con calma y mucha perseverancia el amor llegará, sólo que no hay que dejar de buscarlo. La felicidad no es exclusiva de un grupo de personas, por lo cual, toda la  humanidad tiene acceso a ella desde diferentes puntos de vista y estilos de vida. Lo más importante es no hacer daño a nadie y saber, mi querido lector, que allá afuera hay una persona por la que vale la pena luchar, por la que vale la pena soñar con que cada día puede ser mejor, una persona con la cual compartir lo mejor.

lunes, 26 de octubre de 2015

Entre Roles...


Que un niño sea débil es algo imperdonable para un gran número de padres (varones quienes han pasado por la misma etapa de crecimiento). Por eso se le exige al niño que siempre sea fuerte, que se defienda ante los ataques de otros, que no llore, que reprima sus miedos y que ante todo sea un Varón de verdad. Por esto es que no es aceptado dentro de los parámetros de algunas sociedades que los hombres muestren su lado tierno, que sean amables, cariñosos, y menos aún que demuestren que pueden llorar cuando quieran.



"Hace mucho que olvidé cómo era realmente de niño. No me refiero a cómo me
comportaba ante los demás, sino cómo me sentía, qué me hería, de qué tenía
miedo. En realidad en el colegio me las arreglaba bastante bien y creo que antes
también. En el jardín de infantes era un muchachito bastante travieso, como solía
decirme mi madre. Era de cabello corto rubio, lleno de energía y bastante insolente.
En realidad todos me respetaban y cuando no, lograba que lo hicieran. En algún
momento, quizá, fui tal como los demás me veían o me querían ver. Pero también
recuerdo que era tremendamente difícil alcanzar ese punto: imponerse y actuar
como un verdadero varón. 

Naturalmente lloraba, pero únicamente cuando estaba
solo. Percibía cómo el más débil de la barra solicitaba mi ayuda con la mirada
mientras nuestro bravucón lo maltrataba con los pies. Pero eliminaba rápidamente
el sentimiento de compasión que me invadía, las lágrimas en mis ojos y
simplemente me retiraba. Era necesario mantenerse frío. En la barra, de todos
modos, eso era el lema. En casa, mi padre tiraba de la misma cuerda: 'Es un varón
y debe saber imponerse'. Una vez lo escuché diciendo: 'No quiero que sea un
debilucho'. De alguna manera, esa frase se ha impregnado en mí profundamente,
como una imposición interna de la que jamás podré liberarme. Mi madre no era así,
pero ella, en algún momento, ya no fue tan importante."
(Daniel, 20 años, Argentina).

Es así como los padres no quieren que sus hijos sucumban ante el poder de otros y menos que sean débiles. Las leyes de la fortaleza y de la competitividad hacen que muchos niños crezcan siempre con una mentalidad de liderazgo, de superpotencia ante las mujeres a quienes consideran como el sexo débil. Una razón para comprender de dónde viene el machismo desenfrenado actual. No se trata de crear una producción en serie de niños llorones, débiles, miedosos, afeminados ni nada por el estilo., se trata de reconocer que si no se cría bien a un hijo tarde o temprano las consecuencias serán funestas.



Siempre se tenderá a que los niños se consideren como los héroes en todo, sobre todo en el colegio, ya es hora de poder entender que las niñas también pueden ser heroínas sin necesidad de tildarlas de "machorras" y a los niños de "maricones". Con esta forma de crianza se promueve la desigualdad sexual y, por supuesto, se ignora, en absoluto, la educación sexual que promueve la ternura en los varones, y la energía en las mujeres. Ser varón significa que, para convertirse en un "verdadero hombre", el niño y el joven deben esforzarse mucho. La disciplina, el autocontrol y el sacrificio reprimen las formas de comportamiento consideradas típicamente femeninas. El premio prometido es la "superioridad", la pertenencia al grupo de los ganadores, estar por encima de las mujeres.

Cada persona es única y maravillosa, no hay que tenerle miedo a lo diferente, no nos asustemos de que hayan niños sensibles que lloren por cosas vanas o niñas rudas que piensen distinto. El mundo es de colores, no está preso sólo entre el blanco y el negro. Si se genera la mentalidad de la tolerancia, el respeto y el trabajo en común, se podrá vislumbrar un nuevo horizonte para esta humanidad tan perdida en problemas por culpa de la ignorancia y la irracionalidad colectiva.


domingo, 13 de septiembre de 2015

10 Situaciones que hacen incómodo el ser gay hoy...




Muchas veces a uno le pasan cosas como sacadas de un catálogo para hacer sentir mal a las personas, pueden ser situaciones de lo más normal en una conversación, en un ambiente, con los papás, con los amigos, con los conocidos, mejor dicho, son muchos los casos que por momentos nos hacen sentir mal, pero es un malestar pasajero que muchas de las veces tiene sus bases en la ignorancia pura o en la intolerancia más grande.


1. Es común que muchas personas, estando uno presente, estén leyendo cosas de temática gay en revistas, periódicos, en la t.v. o en cualquier medio y hagan comentarios muy despectivos al respecto, como si los gays fueran lo peor sobre la faz de la tierra y allí mismo, justo cuando crees que todo va a acabar es cuando alguno de tus familiares dice algo como: "ojalá que en mi familia no haya ningún marica..." "Dios nos libre de tener una loca en casa..." etc. Una situación algo incómoda y muy contradictoria porque pasa que uno es gay y ellos no lo saben.



2. Es muy normal escuchar a tus amigos, conocidos y hasta a tu padre decir cosas como: "esos maricas de mierda", "depravados", "hijos de puta", "afeminados", "deberían de matarlos a todos", "ojalá se murieran todos los maricones" y demás insultos que de cierta forma te tocan. Es cuando uno se puede preguntar ¿qué me dirían si les digo que soy gay? Mejor dicho...



3. Una típica situación es cuando visitas a alguien de la familia o a algún conocido de tus padres a los que no ves con frecuencia y te preguntan "¿y la novia?", muchas veces me dan ganas de decirles algo como: "está bien, se llama Carlos y si quieren se los puedo presentar, es un hombre lindo y lo amo"... jajajaja... de seguro les daría un infarto.



4. Ya es la tapa cuando escuchas a un idiota "estudiado" o a un osado ignorante asegurar que ser gay es sólo una etapa exploratoria o de arriesgar cosas para llamar la atención. Es molesto igualmente saber que hay muchos que quieren cambiar la homosexualidad en una persona a base de pura biblia, hablando en nombre de Dios, Jehová, Cristo, o de quien fuera con tal de que se alejen de ti esos "demonios" que te hacen caer en pecado. Incluso hasta hay quienes a base de terapias psicológicas creen que vas a cambiar la forma de tu ser. Es ridículo, molesto, incómodo...



5. No se queda atrás los típicos comentarios de los amigos que, al enterarse, preguntan despavoridos: ¿cómo sabes que eres gay si nunca has probado con una chica / chico?. Es como si uno tuviera que probar lo que no le gusta (por ley natural) para comprobar que efectivamente NO le gusta.



6. No hay cosa más incómoda que una persona se entere de que uno es gay y como si tuviese la boca rota anduviese por todo el lugar contándolo, aparte de ser una situación algo vergonzosa y malparida, dan ganas de tomar un rifle y colarle el abdomen a ese ser repulsivo que sólo busca el mal para ti.



7. Ya es algo chistoso pero a la hora de la verdad es incómodo cuando estás en el cole y los profes, que no se han dado cuenta de que eres super gay y te la pasas con puras chicas, creen que eres un mujeriego, un don juan de pura cepa, un perro con todas las de la ley y te crean mala reputación entre el profesorado por ese "pequeño error" en el que se encuentran.



8. En las mismas escuelas también es común e incómodo que en las clases de sexualidad no se hable de la Homosexualidad, por eso es un poco tétrico informar sobre las relaciones heterosexuales desconociendo la parte homo del asunto de quienes lo viven, he aquí que la desinformación hace estragos en muchos que crecen desinformados de la sexualidad que ellos viven.



9. Es muy incómodo y doloroso saber que te has enamorado de un chico y que no puedes confesarle tu amor porque de ley recibirías una paliza de padre y señor, se le sumarían las persecuciones por parte de los padres del chico, de los tuyos, de la iglesia local, de la sociedad machista, de todo el mundo.



10. Este último punto toca la parte incómoda de tener que soportar cómo se besuquean tus amigos con sus chicas al frente tuyo y te preguntan ¿acaso eres marica que no te buscas a una chica?. Dan ganas de tomarlos a todos por el cuello, amarrarles unas piedras y tirarlos al mar.

sábado, 4 de julio de 2015

¿Qué se siente descubrirse gay?

La etapa de la adolescencia es una de las más importantes en la vida de cualquier persona, para una que es gay, se convierte en una experiencia un tanto confusa. Confieso que cuando estaba experimentando mi "amor" por Juan Carlos el mundo me daba vueltas, nada tenía estabilidad y el temor se apoderó de mí. Recuerdo que cuando me quedaba largas horas del día estudiando, me perdía entre aquellos pensamientos que me mostraban infinidad de situaciones, preguntas, karmas, miedos y demás que me ponían mal.

Una de las cosas que se me pasaban por la cabeza era la reacción de mis padres si llegasen a enterarse de que su hijo mayor era un "maricón", como suelen llamar a los homosexuales en mi ciudad. Incluso hasta pensé en opciones de intervención familiar para darles la noticia. Obvio que nunca lo hice.



Ahora bien, mi cabeza estaba atormentada por el recuerdo de Juan Carlos, y es que todo giraba en torno a lo que pudieran pensar los demás de mí, en especial los miembros de mi familia, tan conservadores como ellos solos. Muchas veces me imaginaba besando a Juan, acariciándole el cuello, tocando sus pechos y piernas que tanto me atraían... besándolo apasionadamente... creo que había perdido la cabeza.

Fue así como poco a poco me acepté tal cual era. Pero no fue de la noche a la mañana ni tampoco con la facilidad con que uno puede elegir algunas cosas en la vida, no. Vinieron las crisis, los miedos, los ataques de ansiedad y pánico... toda una mezcla de negatividades que por poco terminan con mi vida. 



Debo decir que sigo día a día en este caminar donde aún hoy tengo miles de preguntas que me gustaría resolver. Con el paso de las publicaciones iré desvelando etapas de mi vida, sobre todo en la inicial cuando pude descubrir que me gustaban los chicos, cuando me sentía extraterrestre, cuando el peso de la culpa y el temor al infierno me sobresaltaban, cuando me veía condenado por la iglesia y por las personas que me conocían, cuando no sabía qué hacer. Mejor dicho... toda una experiencia hecha a pulso.

Pues bien, pasé por miles de cosas antes de poder concretar un verdadero encuentro con Juan Carlos quien a la hora de la verdad me sorprendió con todas las cosas que me dijo, con todo lo que llegamos a hacer, con todo lo que me propuso. Mejor dicho, eso fue una bomba atómica en mi vida. No me arrepiento de todo lo que pude vivir con él, al fin y al cabo estaba aprendiendo, necesitaba de alguien mayor y con experiencia que me enseñara que en la vida hay que besar muchos sapos antes de encontrar el verdadero príncipe azul.