lunes, 14 de marzo de 2016

Iglesia Católica y Gays



Este artículo tiene como fin mostrar mi postura al respecto del tema, no implica que sea la ley general ni de la Iglesia ni de la comunidad LGBTI. Por ello, quiero comenzar esta reflexión expresando mi más sincero dolor por la situación que desde hace muchos años viene minando las vidas tanto de aquellos que se consideran como "los escogidos por Dios" y que pertenecen a un grupo selecto de discriminadores religiosos y fanáticos, así como de tantos y tantos compañeros en condición gay o lésbica. Pues bien, la verdad es que todo ese coraje latente en el ambiente es, ante todo, algo absurdo insinuado por los católicos y lastimosamente alimentado por nosotros, los gays, hablando como colectivo general, porque a la hora de la verdad estamos muy unidos los unos de los otros.

La Iglesia por estatutos propios que se remontan desde el siglo I y II después de Cristo, ha tomado de forma natural y legal las convicciones heredadas por la tradición judía en cuanto a la condena de muchas prácticas sexuales entre los feligreses, por ello, no es de extrañar que (obviamente) NO apoyen las uniones de ningún tipo en cuanto a la homosexualidad, la promiscuidad, las relaciones sexuales antes del matrimonio, la castidad, el celibato, la procreación, etc., etc. Es entonces cuando la pelea se gesta contra los millones de gays y lesbianas del mundo, sobre todo de aquellos que como buenas personas, por no decir idiotas, andan tras dichas posturas extremistas y sufren por puro gusto.


En cuanto a la homosexualidad, bien sabemos que ha existido desde siempre, al igual que la caza, la recolección, la prostitución y la panadería, son las cosas que la humanidad ha hecho desde tiempos inmemoriales. Personajes de toda clase y talla han sido homosexuales, nada les ha quitado, nada les ha puesto. Es también normal que en nuestra condición se presenten muchas limitaciones de tipo moral y los desórdenes en cuanto a estabilidad de pareja, económica y demás. Sumemos entonces el problema de la aceptación personal, familiar, social y por si fuese poco, a esto le llega la parte religiosa.

Ahora bien, al ser dos cosas completamente contrarias entre sí, debo mencionar que la Iglesia considera como pecado el acto propio del HOMOSEXUALISMO (practicar propiamente los actos de coito entre personas del mismo sexo), pero tiene en otra consideración y estima al HOMOSEXUAL, que es la persona tendiente a gustar de todas las formas de personas del mismo sexo que ella. Aquí hay una diferenciación pero a la hora de la verdad una depende de la otra, una conlleva a la otra y es poco común ver que alguien sea homosexual y no viva una homosexualidad así sea esporádica.


Entonces viene la pelea. Mi aclaración es la siguiente: para pelear se necesitan dos. Lastimosamente los dos ya están. A todas éstas, ya sería hora de que uno de los dos se separe y creo conveniente de que quien debe tomar la iniciativa es la propia comunidad LGBTI. ¿Por qué? Porque sencillamente si la Iglesia no acepta nuestra condición, sobre todo a la hora del matrimonio, de la adopción o de la unión libre, ¿por qué carajos seguimos mendigando algo que no nos lo van a dar? Eso tiene un nombre, se llama Masoquismo, y es común últimamente entre nosotros.

¿Solución? NO PELEAR MÁS... y ¿cómo? pues sencillamente dejar de querer casarnos en las iglesias católicas ante un padre, un obispo, nuestros padrinos y madrinas amenizados por un hermoso coro de chicos que canten solemnemente. Dejar de buscar la protección propia de los códigos morales y civiles de la Iglesia, porque nunca nos los darán. Es una pelea que si nos ponemos de acuerdo se puede acabar. Esto no quiere decir que ahora en adelante nos hagamos los de los oídos sordos, porque no es el caso, la cuestión es que cuando intervengan ante las cortes en contra de la adopción a la que tenemos derechos entonces sí que tenemos que pelear, porque se meten con nosotros, porque nos hieren, porque a la hora final NO NOS CONOCEN.


Conozco personas piadosas que no faltan a misa, que son gays y lesbianas, que son travestis y transgéneros, que son más aplicados y más fieles que muchos heteros que también asisten a las iglesias y que de manera abierta y consciente los miran con repulsión o asombro porque en su cabeza no cabe la idea de que una persona "de esas" entre a la casa de Dios. Pobres ignorantes, no saben que precisamente Dios nos quiere tal como somos, al fin y al cabo también somos obra de sus manos así como ellos, como los animales, como todo cuanto existe en el cielo y en la tierra.

En fin mis queridos lectores, la invitación es a tomar prioridades en nuestra propia vida, cuando se metan de verdad con algo que nos trunque el poder adoptar allí sí tenemos que pelear. Del resto, bien los invito a que se casen por lo civil o busquen un credo alternativo que acepte el matrimonio igualitario, y si no lo quieren, pues cásense con ritos propios o inventados por ustedes mismos. A la hora de la verdad a quien le interesa es a usted y a su pareja, luego a los invitados a quienes quieren hacer parte de un hecho tan trascendental para ustedes y recuerden, sobre todas las cosas, que ante todo hay que ser felices sin hacerle daño a nadie ni permitiendo que nos lo hagan a nosotros o a los nuestros.




2 comentarios:

  1. Apreciado Camilo quisiera saber un poco mas de UD. su formacion academica, sus intereses personales Etc a evelandia74@gmail.com

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    1. Buenas tardes evelandia74 (disculpe que le llame así, pero no sé su nombre). Ya le he enviado un correo personal, espero lo haya recibido y que así ud pueda preguntarme lo que desee. Un fuerte abrazo.

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