A veces en la vida a uno le suceden cosas inesperadas, como la que me ocurrió hace un par de meses cuando conocí a Sergio, el chico más lindo de la facultad y con quien sencillamente hice click. No fue buscado, todo se dio... nada fue planeado, aún así se escribió un lindo pero doloroso y real capítulo dentro del libro de mi vida. Se los cuento de forma breve.
Una noche, durante una fiesta en Bucaramanga, conocí más de cerca a uno de mis compañeros de facultad, uno de esos que son extremadamente hermosos en lo físico y algo duros en lo sentimental porque tal vez su estilo de vida así lo formó. La cuestión es que luego de unas 10 cervezas en una de las cabañas que bordean la piscina, terminé con Sergio solo, hablando los dos de nuestras vidas y riéndonos de haber estudiado desde hace ya 2 años pero en los que nunca habíamos cruzado una palabra más allá del "hola". La noche corría y ya ambos sabíamos un poco del otro, fue una noche de esas en la que todo se confabula para que las cosas sucedan.
Como es típico, él que es hetero, sintió mucha curiosidad por mi vida y todas sus implicaciones una vez se enteró de que yo era gay. Como es natural no se escandalizó ni nada por el estilo, antes bien, sintió mucha curiosidad y las preguntas en cascada no se hicieron esperar. Ya finalizando la jornada de charlas (eran como las 3 de la mañana) me soltó un bombazo que no me lo esperé nunca jamás. La cuestión fue que me dijo (palabras menos): "Camilo... si tú y yo estuviéramos solos en un lugar... ¿tú lo harías conmigo?", a lo que yo respondí con otra pregunta: ¿por qué?, y él, ni muy teso ni majo me dijo que quería experimentarlo conmigo, a quien ya "veía con confianza" y que se iba a atrever a hacerlo con otro chico. Incluso hasta me contó que había tenido un sueño donde estaba con un chico y que tal parece eso lo habría motivado a querer hacerlo ahora conmigo, ya que la oportunidad se presentaba.
Yo no sabía si eso era efecto de los tragos o qué, pero me aventuré, no sin antes pasar por unos instantes de nervios puros, porque la verdad es que su propuesta me cogió a quemarropa. Pero al día siguiente la cuestión continuó y así estuvimos en ese tira que jala como por una semana y media. Él me molestaba desde entonces con juego de miradas y alguno que otro toque o roce cuando nos cruzábamos en la universidad. Hasta que la noche indicada para tal efecto llegó. Resulta que una noche, mientras me veía una peli estadounidense de un amor algo complicado (comedia) resulta que sonó el timbre del apartamento y yo, ya en pijama y con algo de sueño (porque eran las 11pm) salí a abrir. Pues bien... era él... algo eufórico y nervioso... recuerdo mucho lo que me dijo: "Bueno... aquí estoy... ¿me dejas pasar?".
Yo me quedé como una maldita estatua y no sabía qué hacer, entonces él lo notó y dijo: "si te incomoda... mejor me voy" y mientras daba la vuelta yo, como un acto reflejo, lo tomé del brazo y en unos instantes de silencio permanecimos hasta que le dije: "pasa". Esa palabra abrió una puerta maravillosa de experiencias con Sergio. La vida así lo quería y sencillamente sucedió. Cuando estuvo en mi cuarto (luego de curiosearlo un poco) se recostó en mi cama y comenzamos a charlar. Me dijo que estaba algo nervioso, ansioso... yo estaba en las mismas.
Pero poco a poco se dieron las cosas y terminamos teniendo sexo duro (fuerte, para ser exacto) durante mucho tiempo. Es como si él hubiese venido de la guerra ¡por Dios! ¡Qué noche! y así... como comenzó todo terminó de igual forma. Pero antes de que todo acabara, lo pudimos hacer dos veces, la primera como les he contado fue en mi apartamento. La segunda fue en el suyo. También de día, una tarde, y luego de eso me sentí mal. La verdad es que estaba jugando con fuego y sabía que tarde o temprano me iba a quemar, sabía que esto no terminaría bien pero por mi testarudez me atreví a seguir y luego me iba a lastimar.
No me arrepiento, en lo absoluto., pero si fue una experiencia algo dolorosa de saber que él nunca podría sentir lo mismo que yo. Bien lo sabía cuando me dijo que quería experimentar y yo le acepté sus propuestas. Sé que es un chico gentil, amable, de excelente familia y bueno como persona, pero sus incursiones en mi mundo sólo reiterarían que le encantan las chicas y que los dos deslices que tuvo conmigo sólo quedarán para él como un espacio más en los capítulos que escribe de puño y letra para su vida sexual como joven. No es que me haya enamorado, pero a la hora de la verdad son sentimientos que se entremezclan, sin quererlo allí me vi dos veces con él, entre sus brazos, acariciándolo, viéndolo tan tierno como un niño con miedo. Lo quise por el momento, sólo mientras duró esta loca pero linda aventura.
Ahora, después de tantos meses lo sigo viendo cuando nos cruzamos en algunas clases. Incluso hasta hemos hablado y todo como los amigos que no fuimos antes de aquella fiesta en Bucaramanga. Ahora le soporto a la vida muchas cosas como él, por ejemplo. No es una carga, pero tampoco sufrimos de Alzheimer como para tratar de creer que nada pasó. Ahora hemos hablado algunas veces de lo sucedido y aunque parezca increíble me lo agradeció como tres veces pero a la vez me aclaró que nunca más volverá a suceder y que eso sólo fue una locura. Para mí... una bella locura. Ahora mis amigos, lo tengo de vecino porque no sé qué carajos quiere el destino para mí, ahora vemos 7 materias juntos en las mismas sedes de la universidad y lo peor es que ahora estamos muy unidos, como amigos, pero unidos. No lo quiero, pero sí deseo poder empezar de nuevo como parece que ya él lo hizo. A veces no es fácil, parece que las cosas a mí no se me dan siempre de la mejor forma, pero allí voy.






















