martes, 4 de agosto de 2015

Entre gustos y disgustos...




Entre gustos y disgustos se fue gestando esta primera etapa de mi orientación sexual. Una vez empecé a experimentar un mundo nuevo de la mano de Juan Carlos, no faltaron los malestares tanto personales como familiares por ciertas cosas al respecto que ya se hacían evidentes. Es aquí cuando suceden los hechos concretos en los que mis padres me pillan con este chico, a veces en situaciones vergonzosas y otras un tanto para especular, pero que al fin y al cabo no dejaban de lado que entre nosotros había algo más que simple amistad.

Con Juan Carlos solía encontrarme en casa de mi abuela materna ya que era la más cercana al trabajo de éste. Pero aclaro: NO usaba la casa para cosas sucias, ni más faltaba. Era simplemente el lugar en el que él y yo nos reuníamos por las tardes, cuando yo llegaba del colegio y él salía del trabajo. Eran momentos espectaculares a decir la verdad; nunca se pueden olvidar los pequeños detalles que marcan tu vida, sobre todo los provenientes de personas que se roban tu corazón sin más ni más.



Con él podía hablar de cosas simples, a la hora de la verdad yo sabía muchas cosas más de las permitidas a mi edad, osea que era un poco más sabiondo que él, pero eso nunca fue motivo para que no nos entendiéramos. Bueno, el idioma y tema que ambos manejábamos a la perfección tenía su sede en la cama, en eso éramos un sólo ser en dos cuerpos. Pero en esta vida (o al menos en ese momento) las cosas no iban a ser eternas y mucho menos pasadas por dulce. Recuerdo que cuando mi mamá me descubrió por primera vez hablando con Juan Carlos no disimuló su cara de disgusto, pero en el momento no hizo escándalo ni nada. Pero el regaño (¿o trataba de pedirme explicaciones?) vinieron después en casa, a solas ella y yo.

Amo a mi mamá porque el el fondo sé que ella sabe que soy gay, que me encantan los hombres y que ante todo sufro mucho por tener que esconderlo, pero tampoco me siento con fuerzas para decírselo de frente, para confirmárselo. Sé que algún día lo tendré que hacer, eso es obvio, pero por el momento no quiero que nuestra relación se complique. Mi madre es única, por eso la amo y sé que como ella no hay dos. Así que cuando me arriesgue a decirle que soy gay, de seguro que sufrirá mucho, lo hará por un tiempo, pero luego se recuperará.



Entre gustos y disgustos ocurrió mi primer acercamiento con este chico que me robó el corazón, porque mientras disfrutaba de su compañía, de sus caricias, besos y abrazos acompañados de palabras y frases tiernas, dulces, pícaras, calientes, tenía que soportar en mi interior el tremendo miedo a que nos descubrieran, a que todos en el colegio, en la calle, en el barrio se enteraran. La verdad es algo que no me dejaba tranquilo ni de noche ni de día. Poco a poco comprendería que la vida es privada así como la sexualidad y tuvo que pasar mucho para que pudiera madurar en una forma más sólida al momento de no tener que dejarme clasificar con feos apelativos, a la hora de luchar por quien soy y por lo que quiero, por lo que creo y por lo que espero.


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